Histórico:

Ecuador declaró inconstitucional la criminalización de aborto por violación

Con siete de nueve votos, el 28 de abril del 2021 la Corte Constitucional de Ecuador declaró inconstitucional la penalización del aborto en casos de violación.

En julio del 2019, Miriam Ernest Tejada de la Coalición Nacional de Mujeres del Ecuador; Olga Gómez de la Torre de la Fundación Desafío y Katherine Obando Velásquez, del Frente Ecuatoriano por la Defensa de los Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, presentaran una acción de inconstitucionalidad. La jueza ponente fue Karla Andrade Quevedo.

El marco legal en el que se ancló esta decisión de la Corte Contitucional se relaciona con normas que violentan los derechos de mujeres, niñas y adolescentes, y grupos a quienes la Constitución considera de atención prioritaria en el artículo 35 de la Constitución de la República del Ecuador.

Según cifras del INEC del 2019, a lo largo de su vida, el 32, 7% de ecuatorianas de más de 15 años de edad fueron vícitmas de violencia sexual.

Fiscalía y el Consejo de la Judicatura manejan cifras que hablan de al menos 435 mujeres judicializadas y criminalizadas por abortar entre 2013 y enero de 2019; de ellas, alrededor de 30 mujeres fueron sentenciadas por este mismo hecho desde 2015.

Línea del tiempo

En Ecuador, niñas desde los 10 años de edad mueren por causas relacionadas a embarazos, parto o post parto

Según datos del INEC recopilados desde 1990 hasta el 2019, 45 niñas entre 10 y 14 años han fallecido por complicaciones en el embarazo, durante el parto o después del parto. Estos decesos se producen porque los cuerpos de las niñas y adolescentes no están preparados para embarazarse y ser madres. 779 adolescentes de entres 15 y 19 años fallecieron por las mismas causas y en el mismo periodo.

Sin mencionar el daño psicológico que sufren las niñas y adolescentes violadas y embarazadas y la obstrucción de sus planes de vida que se ven truncados al tener que enfrentar la experiencia prematura de un embarazo y el posterior nacimiento del fruto de la violación que las convierte en madres sin haberlo deseado ni planeado.

Al respecto, la Constitución de Ecuador penaliza las relaciones sexuales con menores de edad en el numeral 5 del artículo 175 del Código Penal. La norma señala que “en los delitos sexuales, el consentimiento dado por la víctima menor de 18 años es irrelevante”, es decir, el criterio del menor de edad no se toma en cuenta en el proceso judicial, aún cuando asegure que las relaciones fueron consensuadas. 

Es necesario que a más de la despenalización del aborto en casos de violación el Estado ecuatoriano integre acciones que garanticen que las mujeres, adolescentes y niñas ecuatorianas tengan acceso al goce pleno de sus derechos. Lo contrario es arrojarlas a la hoguera de la vulnerabilidad y la falta de oportunidades.

Autora: Alicia Galarraga

El centro histórico de Quito agoniza

Fotos, textos y audio: Alicia Galarraga

Calle Benalcázar, a pocos metros de llegar a la Plaza de San Franciso. A pesar un martes a las 11:00, se aprecia poca concurrencia.

Es la mañana de un martes de enero del 2021 y el centro histórico de Quito luce casi desolado. Según un informante que pide de forma expresa que se mantenga su nombre en reserva, todo es parte de un plan macabro que se conoce como gentrificación.

La gentrificación devalúa el valor de los inmuebles de un sector de una determinada ciudad para, en lo posterior, comercializarlos a valores irrisorios. Quienes los compran, por lo general pertenecen a grandes grupos económicos y en ellos instalan cadenas de hoteles internacionales o franquicias. Se puede mecionar a Bogotá, Medellín, Sao Paulo, Barcelona y Oporto como ejemplos de ciudades cuyos centros históricos han sido presas de la gentrificación.

Volviendo a la realidad del centro histórico de Quito, en la Benalcázar, por ejemplo, sacerdotes jesuítas pidieron a arrendatarios de décadas que desocupen los locales del inmueble que se aprecia en la foto superior. Esto sucedió hace seis años. En estos locales funcionaban una peluquería, un local de fabricación de piñatas de forma artesanal y un café donde se vendían quesadillas, quimbolitos, cafés, chocolates y humitas. La comunidad religiosa pidió la desocupación para instalar locales destinados al turismo.

¿No son atractivos turísticos una peluquería como las de antaño, una piñatería artesanal y una cafetería tradicional? En el interior de este inmueble, además, está previsto instalar un hotel de una cadena internacional. Han pasado seis años y nada de esto ha sucedido. Los locales están abandonados y por la calle Benalcázar casi no transita nadie.

Uno de los pocos locales que sobrevive a esta vorágine es el Restaurant San Francisco.

Restaurant San Fancisco. Se observa la fotogría de los fundadores. Data de 1958.

Este rincón icónico fue fundado en 1958. A pesar de las continuas visitas del Municipio de Quito, que más parecen acoso, la señora Juanita Zambrano, hija de los fundadores originales, sigue atendiendo a los clientes que llegan al lugar. Este sitio tradicional y emblemático pasó de tener diez empleados a funcionar con dos en la actualidad.

Interiores del Restaurant San Franciso cuyo funcionamiento data de 1958,

A continuación, una entrevista de la propietaria del local donde relata los inconvenientes que afronta por la peatonización y la ciclovía. Este capricho de las autoridades del Municipio de Quito le obliga a ella, como residente, a «rodear» cuadras y cuadras para llegar hasta su vivienda. También se refiere al acoso que realizan funcionarios municipales y cómo han bajado las ventas. No solo por la pandemia sino por la falta de planificación y el abandono por parte de las autoridades municipales.

De forma continua, los comerciantes formales del sector presionan por soluciones que les permitan mantener sus negocios. Muchos de ellos, como Pollos San Francisco, están por décadas en el centro histórico de Quito y se constituyen en patrimonio intangible de la ciudad.

En sus calles, casonas, piedras y recovecos se guardan memorias, sueños, recuerdos. Sitios emblemáticos ya han desaparecido. Otros, correrán la misma suerte si no se toman medidas.

Cinthia Zula

¿Su femicidio quedará en la impunidad?

Por Alicia Galarraga

Cinthia Zula, adolescente de dieciseís años de edad, oriunda y residente en Quito, desapareció el dos de enero del 2020. Su cadáver fue encontrado tres días después en el sector de El Teleférico. Exámenes forenses determinaron que Cinthia fue víctima de violación sexual y tortura.

Sin embargo, el veintidós de diciembre del año pasado se viralizó en redes sociales un desenlace inesperado ante los ojos de quienes seguimos su caso desde un inicio: Matías Valdiviezo, asesino confeso del crimen, recuperó su libertad.

¿Qué circunstancias se dieron para que Valdiviezo se encuentre de nuevo en las calles, gozando de impunidad? Esta fue la pregunta que le hice al abogado defensor de la familia de Cinthia, el doctor Jorge Cansino, cuya respuesta se encuentra en el siguiente audio:

Es decir, la libertad de Matías Valdiviezo es el resultado de una serie de irregularidades por las que debe responder el aparato de justicia. Como se puede escuchar a continuación, el doctor Cansino ha pedido una ampliación de la sentencia a la Corte Nacional de Justicia para con ella, iniciar acciones administrativas en contra de la Fiscal y el Juez que cometieron estas arbitraridades:

Como resultado, se ha perdido un año. Un año sin que los familiares de Cinthia reciban justicia y reparación. El camino que les queda, es iniciar de nuevo el proceso, pero en condiciones más complicadas porque se corre el riesgo que Matías Valdiviezo escape y no responda por su crimen.

Por otro lado, los familiares de Cinthia y el doctor Cansino tienen razones suficientes para creer que el femicida no actuó solo. Sin embargo, Fiscalía les cerró todas las puertas y alternativas que pudieron conducir a establecer de forma certera quién o quiénes acabaron con la vida de Cinthia con tanta saña y misoginia. En este entramado, Fiscalía tampoco dio paso a que se investigue a la institución educativa a la que asisitía Cinthia. El doctor Cansino explica las razones por las que se la debió incluir en las investigaciones:

Cinthia asisitía al Colegio Nacional Mixto Gran Bretaña. El día de su desaparición, ella y otros alumnos (entre ellos el asesino confeso) no llegaron al establecimeinto educativo. Sin embargo, las autoridades no reportaron esta novedad a los padres de los menores. Por otro lado, el doctor Cansino logró establecer que en el colegio Gran Bretaña se expendía alcohol y sustancias estuperfacientes prohibidas por la ley, además, que los alumnos frecuentaban lugares donde se realizaban fiestas clandestinas. Con estos antecedentes, el abogado defensor considera que son varias las pericias que debieron ordenarse desde Fiscalía para establecer las responsabilidades del colegio Gran Bretaña en la desaparición y femicidio de Cinthia.

El abogado defensor de la familia de Cinthia exhorta a los operadores de justicia para que, en el próximo proceso, se incluyan medidas de reparación que ordenen al Colegio Gran Bretaña instalar una placa en el establecimiento en memoria de Cinthia Zula. Además estas medidas de reparación deben incluir en la malla curricular una materia que sensibilice a los adolescentes del peligro de la violencia.

Para entrevistar a la madre de Cinthia, llegué hasta la parte alta de la avenida Occidental, a la altura de El Condado. El sector en el que vive Miriam y que responde al nombre de Jardines del Pichincha, no cuenta con calles pavimentadas. Tampco llegan líneas de buses y si se desea tomarlos, es necesario realizar un recorrido a pie de seiscientos metros.

Miriam está indignada por el proceder de la justicia. Se siente burlada y ha tomado la determinación de no claudicar ante la impunidad, que es la única respuesta que le han entregado los operadores de justicia hasta el momento. Ella recuerda que la Fiscal que llevó el caso, la doctora Verónica Barragán, le comunicó que la madre de Valdiviezo es de condición vulnerable, por lo que le es imposible cumplir con una repararación económica a la familia de la víctima (¿?).

Con estas consideraciones, la Fiscal Barragán asumió que era suficiente con que Valdiviezo ofrezca disculpas públicas a los familiares de Cinthia y que se comprometa a no quitarle la vida a nadie más. Es indignante que para la Fiscal Barragán sea prioritario cuidar el bolsillo de Valdiviezo. Además la Fiscal Barragán parece ignorar que, sobre ese interés tan particular y mezquino, está el derecho a la reparación que tiene la víctima; dicho derecho no puede ser interpretado por la Fiscal Barragán. Sus actuaciones deben ser examinadas por el Consejo de la Judicatura.

Su proceder, a más de ser una burla para la víctima y su familia, se va en contra de la ley. La Fiscal Barragán cuidó tan bien el bolsillo del femicida que, en la etapa final del proceso, Valdiviezo fue representado por un abogado privado, conocido por sus elevados honorarios. Al respecto, a la madre de Cinthia le surgen varias dudas: si, según la Fiscal, Valdiviezo y su familia no estaban en las condiciones de efectuar una reparación económica a la familia de Cinthia, ¿quién pagó al abogado?, ¿existen interesados en que sea Valdiviezo el único procesado por el crimen de Cinthia?, ¿por qué se pretendió archivar el caso?

Miriam se pregunta y le pregunta a la Fiscal Verónica Barragán ¿cómo va a cancelar terapias psicológicas para ella y la hermana gemela de Cinthia con las disculpas públicas que la Fiscal Barragán ordenó como medida de reparación? Se trató de contactar con la Fiscal en mención. Sin embargo, el departamento de comunicación de la Fiscalía General del Estado no dio paso al requerimiento.

Por otro lado, es imposible no considerar un daño y quebranto en la salud de Miriam. Para tener información certera al respecto, se solicitó el criterio profesional de la doctora Gabriela Romo. Después de revisar a Miriam, su diagnóstico es el siguiente:

Como sociedad, no podemos mantenernos indiferentes a la injusticia, los atropellos, la falta de sensibilidad y la impunidad. Me uno a las palabras del abogado defensor de la familia de Cinthia: no es posible permanecer en silencio ante su femicidio y recalca:

«ayer fue Cinthia, mañana puede ser cualquier otra mujer, niña o adolescente».

Doscientos setenta días

Por Alicia Galarraga

«En la plaza está la pequeña pared de los viejos que miran pasar la juventud; el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos son ya recuerdos».

Las ciudades invisibles, Italo Calvino
Plaza Grande en Quito durante un atardecer de finales de septiembre del 2020, a pocos días que las flores de arupo se duerman anunciando la finalización del verano. Un año atípico: por el semáforo rojo, casi nadie vio el florecimiento de los arupos.

Antes del 16 de marzo del 2020, el centro histórico de Quito tenía lugares emblemáticos cuyos orígenes se remontan a la mitad del siglo pasado. Después de doscientos setenta días de pandemia, algunos de ellos desaparecieron. Para siempre.

Primera parte: cien días

«Los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas juntas sobre las puertas de las freiduras, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a esta y haber sido aquella vez felices».

Las ciudades Invisibles, Italo Calvino

Crecí entre las estrechas calles del centro histórico de Quito. La casa de mi infancia estaba sobre la calle Cuenca, frente a la Iglesia de la Merced. En aquel entonces, me bastaba con salir por el balcón para encontrarme, a pocos metros, con la imponente vista de la campana de aquella centenaria Iglesia. Escucharla también me era muy cotidiano y familiar: sus campanadas sonaban para llamar a los feligreses a las misas, los rosarios y las procesiones.

Hacia el sur, en la misma calle Cuenca, se ubicaban cuatro tiendas de abarrotes; todas vendían helados de coco caseros y aunque los helados de coco son la cosa más sencilla y fácil de preparar, cada uno de los dueños tenía su propia receta que los convertía en golosinas únicas y diferentes. 

Otro lugar que me trae recuerdos es la Plaza Grande y sus cafeterías instaladas bajo el atrio de La Catedral. Ingresar en ellas es toda una aventura: sus puertas son estrechas y el techo es bajísimo y caprichoso, tan caprichoso, que se une a las paredes formando ángulos redondeados.

Permanecer en el interior de estas cafeterías, brinda la sensación de estar dentro de una cápsula. Una cápsula perfumada con olor a quaker de naranjilla, café pasado y pernil. En consecuencia, quaker y sánduche de pernil era lo que yo degustaba en aquellas tardes inolvidables de mi infancia. Mientras tanto, mi padre, muy ceremonioso, solo tomaba café. 

Cuando era niña, El Madrilón, el emblemático café fundado en la segunda mitad del siglo viente, se ubicaba sobre las calles Chile y Benalcázar. Sus comensales eran asiduos clientes de los sánduches de pollo y los ponches. Ponches preparados con huevo, canela y vainilla que perfumaban con delicadeza aquella amplia y acogedora estancia. Ponches que mi padre me pedía mientras él, para variar, solo tomaba café.

En otras ocasiones, mi padre me llevaba al Meneses, un café ubicado sobre la Chile y Guayaquil que funcionaba desde los años cincuenta de aquel siglo XX. Cuando la elegante mesera me pasaba la carta, yo elegía el helado más grande y vistoso: 

-Banana split, por favor, con doble porción de crema chantilli. 

Mi papá, siguiendo su costumbre, se pedía un café. Yo lo miraba incrédula, pensando que, si fuera más grande, me pediría no solo la banana split sino también una torta de fresa y también un milk shake, otra de las especialidades del Meneses.

Los años han pasado implacables. Ya no vivo en la casa cercana al campanario de La Merced. Sin embargo, siento una atracción inexplicable hacia el centro histórico de Quito. Hasta antes del diez y seís de marzo del 2020, esa atracción inexplicable me llevaba a recorrerlo de forma religiosa una vez a la semana. Las tiendas de helados de coco son un recuerdo lejano y casi borroso; en su lugar, bazares de venta de artículos varios se han instalado.

 Las cafeterías del atrio de la Compañía han sobrevivido al tiempo y en su interior siguen encapsulados sus aromas emblemáticos, así que hago mi obligatoria parada; solo tomo café, como lo hacía mi padre cuando yo era niña. Cuando voy al Madrilón, que ya no se ubica en la Benalcazar y Chile sino en el Pasaje Tobar, también me pido un café:

-Bien cargado, por favor. 

La mesera me sonríe. Me conoce desde niña y siempre que me despido me dice en un tono que otorga la familiaridad del tiempo:

-Salude a su papá.

Le doy una propina, le devuelvo la sonrisa mientras le respondo:

-Muchas gracias, así lo haré.

Mientras me alejo, no dejo de pensar en los clientes asiduos del Madrilón. Son todos señores de la tercera edad y hablan de política. Pero no de la actual, sino de la que se escribió cuando ellos eran jóvenes, allá por los años 1960 y 1970: Velasco y Bombita, los militares, la dictadura, el primer barril de petróleo.

A más de seguir atenta sus conversaciones, analizo su vestimenta. Siempre llevan traje a juego con sombrero de paño o boina y mientras platican, piden tintos; acto seguido, sacan una botellita envuelta en una funda de papel y le agregan un chorrito de su contenido a los tintos.

En mi recorrido habitual, la siguiente semana, es el turno de la cafetería Meneses. Repito el ritual: 

-Un cafe. Bien cargado, por favor. Como en el Madrilón, la mesera me sonríe con familiaridad:

-¿Ya no pide banana split?, me pregunta.

-No, le contesto. Ahora soy una persona seria.

Las personas serias, a más de tomar café, visitan joyerías, librerías, museos, bibliotecas, tiendas de antigüedades . Así que como toda una persona seria, ingreso a una joyería ubicada en la calle García Moreno. Un amable y solícito señor de la tercera edad me  da la bienvenida con una sonrisa.

Entro con un poco de recelo, observo las pocas y empolvadas joyas que todavía le quedan para la venta, además de algunas antigüedades. Pongo más atención y sobre una de las paredes veo un título enmarcado. Leo “Orfebre Profesional, 1968”. Le pregunto al señor si él es el dueño de ese título que cuelga de la pared y me responde:

-Sí, a la orden.

-Ya no hay muchos orfebres en Quito-le comento.

-No, quedamos muy pocos.

Reflexiono y me digo: “no quiero que estos espacios desaparezcan sin dejar rastro, como les pasó a las tiendas de los helados de coco de la calle Cuenca. Así que un día regresaré, le haré una entrevista a este señor orfebre y publicaré un libro sobre su tienda y el resto de lugares únicos que sobreviven en las calles del  centro histórico de Quito. De esta forma, su existencia se preservará en la memoria y el tiempo. También guardaré en ese libro al Madrilon, el Meneses, a las cafeterías del atrio de la Catedral y a todos los lugares que solo existen en este mágico lugar de la capital ecuatoriana.”

Ya no tuve tiempo. Llegó la pandemia del coronavirus. La semana pasada salió en el periódico que el Meneses cerró, despues de setenta años de existencia. Hace cien días que no recorro las calles del centro historico. Lo siento tan cerca y a la vez tan lejos. No sé cuándo terminen las restricciones por la pandemia. No sé cuándo voy a volver.

Cuando regrese, ¿cuántos lugares habrán desaparecido? Hay noches que no puedo dormir y me pregunto ¿por que no lo hice cuando pude? Siempre pensé que tenía mucho tiempo. Ahora, ya es tarde.

Segunda parte: doscientos setenta días

«La ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos».

Las ciudades invisibles, Italo Calvino
Atardecer en el centro histórico de Quito en diciembre del 2020.

Es el mes de diciembre del 2020. Las medidas de seguridad y las alertas por la pandemia del coronavirus se mantienen inalterables. Pese a ello, siento una necesidad incomprensible de recorrer las calles del centro histórico. Un martes me decido a salir. Tomo todas las precauciones. En menos de treinta minutos estoy en el lugar.

Avanzo hacia el sur por la García Moreno y me detengo a contemplar a un señor que tiene un gatito al que lo alimenta mientras cuenta la historia de cómo lo halló en Huaquillas, flaco y moribundo. El señor lo rescató. Ahora, él y el gato, le sacan una sonrisa a los transeúntes a cambio de unas monedas.

Continúo mi recorrido y en la Guayaquil, a unas pocas cuadras antes de llegar a la Plaza de Santo Domingo, me llama la atención un almacén de artesanías de cuero. Veo una pequeña cartera roja. Caigo en cuenta que la mía es demasiado grande para realizar este tipo de periplos, que me pesa demasido, que me incomoda.

Al interior, me recibe una sonriente señora de la tercera edad . Me cuenta que las artesanías las elabora su hijo que heredó el arte de la talabatería de su padre.

Levanto la vista. En un rincón veo una maleta que, se nota a leguas, fue elaborada hace mucho tiempo:

-Por lo menos hace cuarenta años-me informa la amable señora.

-Con estas maletas, mientras mi esposo elaboraba los artículos de cuero, yo recorría el país y las vendía por montones. Eran bien demandadas-concluye.

Compro la cartera roja, me despido de la señora sin antes prometer que regresaré por la maleta. Tengo una fijación con las cosas antiguas, esa maleta me parece una excelente adquisición. Empino hacia el occidente. Encuentro en una esquina un puesto de revistas, las contemplo con atención. Son ediciones de antes de marzo del 2020. Veo una fotografía que circuló con mucha frecuencia en las redes sociales. Es la esposa del presidente Moreno en la portada la revista Hola. Su elegancia contrasta con la pobreza que existe en los alrededores.

Estoy cerca del Pasaje Tobar así que decido hacer una parada en el Madrilón que se ubica en su interior.

Un pequeño letrero me recuerda que este café funciona desde 1957. La mesera me comenta que hasta él llegaron para servirse café, ponche o sánduche de pollo, personajes como León Febres Cordero o el mismísimo Rey Juan Carlos de España.

Tomo algunas fotografías más. Mientras tanto, la mesera me comenta que los señores jubilados que a diario llenaban las mesas del fondo hasta antes de marzo del 2020, ya no han regresado.

Ordeno mi café cargado. Mientras lo sirven, miro a mi alrededor; una figura de Santa me recuerda que la Navidad está cerca. «Es la primera vez que estoy en este lugar completamente sola», me digo para mis adentros, mientras recuerdo las veces que estuve en el Madrilón buscando una mesa desocupada.

Me despido de la mesera, ella manda saludos para mi padre. Yo le agradezco, dejo una propina, me retiro pensativa. Tengo una sensación agridulce. Me alegre hallar abierto el Madrilón. Pero me entristece constatar que está desierto. «Si un día vengo y ya no lo hallo?», me pregunto. La tristeza me invade. El corazón se me encoge.

Cruzo por el Pasaje Amador. Me detengo frente a un local de fotografías que sobrevive al tiempo en que se tomaban fotos de carné o se acudía hasta el estudio de un fotógrafo profesional para que retrate a los miembros de una familia o a personajes de otras épocas.

Me detengo a mirar los escaparates. Hay fotografías de familias, de religiosas, de sacerdotes, de expresidentes. «Tiempos aquellos», pienso. Me gustaría entrevistar al fotógrafo. Una señora me recibe. Me dice que no está, que solo atiende bajo cita.

Cuando caigo en cuenta, son casi las dieciocho horas así que para terminar la tarde, pienso en visitar las cafeterías del atrio de La Catedral. Llego a la Plaza Grande y me encuentro con que están cerradas. Pregunto a una señora que atiende un puesto de caramelos en los alrededores si todavía las abren. Me contesta que sí, que siguen abriendo, pero no con regularidad.

A pesar de no poder ingresar a estas cafeterías de esquinas redondeadas, me marcho con una alegría en el fondo de mi alma. La niña que vive en mí, que tantas veces fue feliz frecuentando estos sitios, brinca mientras me dice en un murmullo acercándose a mi oído: «no te preocupes, regresamos la próxima semana «.

Gentrificación, la estrategia del abandono

Por Alicia Galarraga

Es la media tarde de un martes del mes de enero del 2021. Sin embargo las calles del centro histórico de Quito, en La Loma, se hallan desoladas. Camino por sus aceras acompañada únicamente de mis pensamientos.

A pesar de ser un sector emblemático de la capital ecuatoriana y los inmuebles que lo ocupan son parte del inventario patrimonial, lucen descuidados.

De todas formas, es imposible no quedar perplejo frente a sus fachadas, sus portones, sus chapas y sus piedras centenarias. ¿Qué historias guardan?, ¿qué pasó con aquellos que cruzaron por estos umbrales?, ¿dónde están ahora?

Sigo mi recorrido en solitario y me detengo ante este detalle en la fachada de una casa ubicada en la calle Leopoldo Salvador. ¿Por qué su belleza es indifrente a las autoridades?

¿Será porque existe un plan macabro llamado gentrificación y para llevarlo a cabo es preciso que el sector se arruine y desvalorice?

A pocas cuadras encuentro esta obra de arte en lo alto de un portón. Camino unos pasos y descubro que a esta hermosa casa colonial ¡la han convertido en parqueadero! La casa está en ruinas: vigas y paredes despostilladas es lo único que queda. No lo puedo fotografiar, «propiedad privada», me dice el empleado.

Siento el corazón encojido, la impotencia me invade. Decido pasar este trago amargo con un ponche en mi cafetería favorita del centro histórico de Quito, el Madrilón.

Rogelio Tuquerrez: «confeccionar guitarras requiere conocimiento y paciencia»

Por Alicia Galarraga

Rogelio Tuquerrez es uno de los treinta ebanistas que quedan en Quito y confeccionan instrumentos de cuerda de forma artesanal. Rogelio, según sus propias palabras, comenzó en este oficio por casualidad. Hace treinta y cinco años, durante su adolescencia, se inició como ayudante de carpintería y posteriormente ingresó de aprendiz en uno de los talleres más grandes y reconocidos de la época, Guitarras Núñez, ubicado en las inmediaciones del río Machángara en el sur de Quito.

Rogelio cuida la calidad de sus creaciones desde el momento que selecciona la materia prima. La mejor madera para elaborar estos instrumentos musicales proviene de árboles como el nogal, capulí y pino importado; posteriormente, la madera seleccionada debe pasar por un proceso de secado para lo que se utilizan hornos especiales.

Para elaborar sus guitarras, a más de la excelente calidad de las materias primas, Rogelio no escatima tiempo en cuidar el más mínimo detalle durante su elaboración. Del riguroso cuidado que pone en todo el proceso, depende el resultado final que se traduce en productos que se caracterizan por su sonido y presentación impecables.

El taller de Rogelio Tuquerrez está ubicado en las inmediaciones de la Plaza de Santo Domingo, en la calle Rocafuerte. A Rogelio le preocupa el abandono de las autoridades a esta y todas las zonas del centro histórico. A pesar de ser parte del patrimonio inmaterial de Quito, el local de Rogelio está rodeado de indigentes y prostitutas, lo cual dificulta la afluencia de clientes.

A veintitrés años de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador:

«Mátalo por maricón»

Por Alicia Galarraga

Antecedentes y momento histórico que rodearon a la despenalización de la homosexualidad en Ecuador en noviembre de 1997.

Durante las décadas de 1980 y 1990, Fernando Orozco sufrió persecución, hostigamiento, detenciones extrajudiciales, encarcelamientos arbitrarios y torturas. Todo esto organizado y orquestado desde el poder. Fernando es un sobreviviente de los excesosde los escuadrones volantes de esa época.

Fernando Orozco está por cumplir sesenta años. En la fotografía, comparte con Félix, un joven que él rescató de la calle, apoyado en una organización social que financia con su trabajo de estilista.
Testimonio de Fernando Orozco sobre los abusos que sufrió en manos de los escuadrones de la muerte. Hasta la fecha, su caso sigue en la impunidad.
Hechos que desencadenaron la demanda desde la sociedad civil para que se despenalice la homosexualidad.

«La sociedad es violenta y excluyente. Crea guetos para quienes no siguen el statu quo. Para dominar en él, hay que ser hombre blanco. Desde esa mirada, todos los demás grupos son inferiores», fuente reservada

Una informante que pidió que se mantenga su nombre en reserva y que investigó las detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones y asesinatos que sufrió la población LGBTI durante las décadas de 1980 y 1990, cree que este caso reúne todos los elementos para demandar al Estado, tanto en el aparato de justicia nacional como en cortes internacionales, por el delito de lessa humanidad.

La informante recalca que los requisitos que debe reunir un caso para ser considerado delito de lessa humanidad son: ataque desde el Estadoa la población civil que se caracterice por ser generalizado y/o sistemático; es decir que se crea toda una institución desde el Estado para lograr un efecto de ataque a las personas civiles e irlas desapareciendo. Supera a una sola grave violación de derechos humanos porque se planifica desde el Estado

Según sus investigaciones, los asesinatos a homosexuales y transexuales durante estas dos décadas pueden llegar a doscientos. La informante entrevistó a más de cien sobrevivientes y todos los relatos que escuchó coinciden con el testimonio de Fernando Orozco.

Ella concluye algo más: quienes participaron en estos abusos no eran solamente elementos de la Policía Nacional, sino que también lo hicieron militares y elementos civiles. Además pide que se guarde su identidad. En más de una ocasión ha sufrido accidentes extraños de los que, milagrosamente, ha salido bien librada. También ha recibido amenazas de muerte: «deja de joder», deja en paz».

«Quienes fueron criminalizados, torturados, desaparecidos y asesinados pertenecían a grupos humanos excluidos y estigmatizados. En ese contexto, ser hombre, afro, homosexual o transexual era peligroso y sigue siendo peligroso: pese a que se despenalizó la homosexualidad en la Constitución, la despenalización a nivel social, sigue siendo una utopía», fuente reservada

Fotografía del archivo personal de Fernando Orozco.

Autora del presente reportaje: Alicia Galarraga

SER MUJER INDÍGENA EN ECUADOR. SER FEMINISTA EN ECUADOR

Por Aliciadorada

Las mujeres en Ecuador,  aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI todavía tenemos que luchar por acceder  a derechos básicos y consagrados universalmente como la educación, especialmente en los segmentos históricamente olvidados por las autoridades, los políticos y la propia sociedad en su conjunto.

Sin título1.png

Así lo demuestran las estadísticas,  ya que en cuanto a cifras de analfabetismo, las mujeres indígenas son las que encabezan el grupo, con un 26,7%, frente a los hombres indígenas que están en el grupo de analfabetismo con el 13,7%.  Las mujeres mestizas y blancas (auto denominación étnica que usan las propias encuestadas), no llegan al 6% de analfabetismo;   eso sí, la brecha se mantiene en la mitad en cuanto a analfabetismo de hombres de los mismos grupos étnicos.  Para completar este análisis, también hay que revisar cifras de acceso a la educación en cuanto a áreas rurales y urbanas.  Mientras en las áreas urbanas el analfabetismo en mujeres alcanza el 3,3%, en las áreas rurales, triplica la cifra , es decir, llega al 9,6%.

Sin título.png

 

Para profundizar en el análisis, es pertinente, además, citar los motivos de deserción escolar y de impedimentos para acceder a educación, según género:  por quehaceres del hogar, un 17,7% de mujeres abandonan sus estudios, frente a un 0,5% de hombres.  Porque la familia no le permite estudiar (así lo reporta el INEC), el porcentaje en mujeres es de 3,2%, frente al 0,1% de hombres.  Por embarazo, 14.051 mujeres, es decir el 2,5% y obviamente, en hombres este porcentaje es del 0%.

Sin título2Sin título3Sin título34

Las provincias más pobres y con más alto índice de población indígena, tienen porcentajes más altos de exclusión del derecho a educación para las adolescentes entre 12 y 17 años.  En Cotopaxi, por ejemplo, el porcentaje en hombres excluidos del derecho a educación  es de 10%, frente al 21% de mujeres.  En Cañar, otra de las provincias más pobres y con más alto número de población indígena,  los hombres excluidos del sistema de educación suman un porcentaje de 11% en hombres y 26% en mujeres.

Sin título36.png

A la par que las niñas y las adolescentes son las que menor acceso a la educación tienen, también son las que mayor tiempo dedican a las labores no remuneradas del hogar y es así como, desde pequeñas, las niñas normalizan y naturalizan este trabajo. Según el estudio independiente Por Ser Niña,  las niñas dedican 18, 72 horas semanales a tareas domésticas.  A medida que crecen, esta carga horaria aumenta y las adolescentes realizan 31,77 horas semanales de dichas tareas domésticas. Los adolescentes varones, dedican a las mismas labores 10 horas a la semana.  Solo un 13, 5% de estas niñas y adolescentes, reconoce que está haciendo un trabajo.

Sin título37.png

Este trabajo no remunerado hace que descuiden sus estudios o que le dediquen menos tiempo a actividades propias de ser niñas, como jugar.  Este estudio además demuestra que las niñas empiezan a trabajar en tareas domésticas desde los cuatro años y se dedican a todo tipo de tareas:  cuidar animales, acarrear agua, cuidar a sus hermanos menores y realizar las labores de la casa, incluidas las de cocina.

Las mujeres adultas reproducen estos patrones en sus hogares, ya que ellas realizan mayoritariamente trabajo del hogar no remunerado:  16,1% de mujeres frente a 5,4% de hombres.  En el área urbana este porcentaje es de 9,3% de mujeres frente a 2,9% de hombres. En las áreas rurales, la brecha sube de 3 a 4 veces, ya que las mujeres dedican al trabajo no remunerado del hogar, un porcentaje del 32%, frente al 9,9% de los hombres.

Los datos hasta aquí presentados, corresponden al INEC y son del 2012.  Unicef posee datos más actuales (2015).  En cuanto al cuidado de los niños y niñas menores de 5 años, éstos son cuidados por sus madres en un 77%.  En el caso de los padres la cifra alcanza tan solo el 1%. Únicamente en el 5% de los hogares ecuatorianos, la proporción del cuidado está distribuido entre padres y madres por igual.

Sin título38.png

Sin título39.png

Estas brechas tan amplias en educación, tareas domésticas no remuneradas y cuidado de los hijos, se acentúan ya que todavía en la sociedad ecuatoriana está muy arraigada la creencia de que las mujeres deben ocuparse de las tareas del hogar porque ese es su rol único y principal.  Es por eso que en países como Ecuador, es indispensable un movimiento feminista incluyente con las mujeres más vulnerables para que ellas tengan acceso a los derechos más elementales, entre los que se halla el acceso a educación.

CARTA ABIERTA A QUITO INVEST

por maría belén moncayo/MALCRIADA TOTAL PRODUCCIONES

(QUITO Invest es un producto concebido y puesto en marcha por la Secretaría de Desarrollo Productivo y Competividad del Municipio de Quito)

QUITO Invest:

No sé qué me enfurece más, si el video de su autoría titulado “Quito una ciudad a la altura de tus sueños” o el hecho de entrar en su página web y toparme con que ni siquiera pueden escribir correctamente la palabra “QUITO”. Con lo cual  mencionarles “Kitu” es un ejercicio estéril.1

Me indigna porque soy una quiteña que ha vivido medio siglo en la ciudad. El contenido del video lo asumo como una de las peores afrentas que hemos sufrido lxs quiteñxs (y ecuatorianxs) desde la política pública, en el último quinquenio; solamente comparable con el insulto de haber llevado a cabo el Hábitat III en la capital del Ecuador.

Su página web www.quitoinvest.com.ec, es un elogio a la hegemonía socio-político-cultural: un universo binario, blanco, racional y feliz; que invita al lector a invertir en “QUTIO” y cumplir así sus sueños de altura. Altura, sí, la misma que su socio número uno Uribe&Schwarzkopf está utilizando como estrategia para la venta de sus “ciudades verticales”. Cuando comparo los dispositivos de comunicación de Quito Invest con los de la constructora en ciernes, no me cabe duda que de buena gana han aceptado su asesoría; lo cual es nefasto en virtud de que ustedes deben velar por los intereses del pueblo de Quito, no por el de las inmobiliarias privadas.2

 En la pieza en mención lo único que corresponde a la realidad es la primera oración: “Quito es una ciudad dividida en dos” (la traducción es mía. Casi la totalidad del contenido está en inglés). Efectivamente, el audiovisual traduce dos mundos. El primero, el idealizado por Quito Invest; más conocido como el Mundo Qonitos. El segundo, es ese Quito al que la Virgen homónima le ha dado la espalda desde el primer día en que por desgracia fue enclava en el Panecillo. Escultura a la que vemos al final del video, al tiempo que la voz en off nos habla de que cuando se está en la cima, la perspectiva se amplía. ¿En serio?

La publicidad de Quito Invest habla de que al apostar financieramente por el Mundo Qonitos el cliente va a invertir, vivir y soñar; en un paraíso productivo, sostenible, armonioso. Uno donde se respira una calidad de vida diferente. En el Quito real, ese de asfalto y monóxido de carbono; lxs vendedorxs ambulantes son retiradxs de las veredas a toletazo limpio. Su mercadería es pateada y confiscada; y sus cuerpos torturados y lanzados a los carros de las patrullas metropolitanas, todos los días.

¿El Mundo Qonitos es uno que fascina por sus contrastes? Lo cierto es que mientras ustedes le mienten al mundo, cómodamente sentados en sus oficinas, recibiendo un salario con los recursos del pueblo; la pobreza en Quito ha aumentado en cifras vergonzosas:

En junio 2018, la ciudad que registró el mayor aumento en tasa de pobreza fue Quito. En la capital el indicador de pobreza llegó a 12,8% en junio del presente año, cinco puntos más comparado con junio 2017. Es el más alto registrado desde diciembre del 2007, según el reporte del INEC”. (Diario El Comercio, 16 de Julio de 2018).3

“Quito es la que presenta mayor tasa de pobreza extrema (4,6%), mientras que Cuenca presenta la menor (0,2%). En el periodo entre junio 2017 y junio 2018, la ciudad que presentó variación estadísticamente significativa fue Quito (de 1,9% a 4,6%)”. (Diario El Telégrafo, 16 de Julio de 2018).4

Continúan su anuncio citando el atractivo de los “negocios de altura” que pueden hacer quienes se asienten en el Mundo Qonitos, para lo cual tautológicamente usan al Metro de Quito como carnada. Ahí sí han actuado con coherencia, debo reconocer. ¡Vaya que Mauricio Rodas ha hecho negociados de altura! Un ave de rapiña que ha arrasado a su paso, de la manera más perversa e infrahumana posible, con barrios como el Bolaños, como San José del Condado y tanto otros; cuyos dueños han habitado ancestral y legalmente sus tierras desde tiempos inmemoriales. Sobre sus casas, sus terrenos, sus cuerpos y sus vidas; el Mundo Qonitos se abre paso al son del infame discurso que asegura que los métodos de construcción civil, observan las más estrictas regulaciones internacionales.

Avanza así su oferta para llegar al punto en que nos quieren contar que el Mundo Qonitos está lleno de gente talentosa, creativa; de profesionales y de magníficas universidades. Tal vez esta es la parte más inmoral del video. Es verdaderamente un himno a la gentrificación y el blanqueamiento social. El noventa y cinco por ciento del tiempo que dura la publicidad lo que vemos es edificios, parques, asfalto y nubes; el capital sobre el ser humano de manera literal. En el restante cinco por ciento miramos a los representantes de la hegemonía capitalista, invitando a sus pares a venir al Mundo Qonitos: hombres blancos, profesionales, jóvenes y guapos. Hasta los estudiantes de la universidad que muestran lo son. Y la única mujer que aparece (con insoportable impostación corporal y vocal) dice una frase impresentable, a la que solamente le falta un cierre como: “…Porque en el Mundo Qonitos hay galletitas”.

La toma de la Universidad Qonitos inmediatamente nos remite a algo tan intangible como el cine. Una arquitectura muy neoyorkina, muy catalana. ¡Hermosa! Las secuencias nunca vistas de las universidades púbicas de Quito nos hablan de aulas sin ventanas, baños sin puertas y parqueaderos donde las alumnas son acosadas sexualmente por sus profesores.

Desde luego su paraíso de levadura tiene un aeropuerto sobre el que cantan loas. Mientras lo hacen, miles de ciudadanos quiteños todavía bregan con el hecho de haber sido sacados de sus terrenos, casi casi por la fuerza. Tierras por las que recibieron valores miserables y por donde hoy pasa la carretera que conduce al terminal aéreo, cuyos aviones transportan sus muy ponderadas “rosas de exportación”. Esas cultivadas con químicos cancerígenos que hace 10 años mataron a mi amiga Victoria Ipiales Cacuango; quien -junto a otros miles de trabajadorxs del campo- las plantó, las cosechó y recibió un salario menos que injusto. Sin embargo ustedes insisten en que el Mundo Qonitos es ideal para hacer negocios, vivir, producir y TRASCENDER.

Y claro, su algodón de azúcar es uno que pretende adornarse con música, museos, teatros, festivales y vida nocturna. En el Quito de carne y hueso, hay una muy buena cantidad de artistas de diversas disciplinas a los que el Municipio de Quito aún les adeuda dinero por contratos. Hay festivales de cine como el Cero Latitud y el Edoc. El primero desapareció por falta de apoyo económico y el segundo ha sobrevivido en las dos últimas ediciones. Mientras la noche en el Mundo Qonitos es una toma aérea, nocturna y espectacular del Quicentro, Norte, claro está; la de Quito está plagada de hordas de aquellos emigrantes a los que les prometieron el oro y el moro; y que como evidentemente no lo consigueron, se dedican a delinquir, ya sea con sus paisanos o mezclados con aquellos ecuatorianos pauperizados, que viven en los bordes de la ciudad, y que llegaron a la misma en busca exactamente de lo que dice Ana Dolores Román: “Una ciudad que inspira a seguir trabajando por un mundo mejor”. Un mundo mejor para los 7 hijos que en el campo, esperan que ese padre, esa madre; llegue el fin de semana con el pan”.

Si hemos de hablar de una ciudad a la altura de nuestros sueños, como ciudadana con derechos voy a expresar los míos:

– Una ciudad donde mi hija, mis amigas, mis compañeras de lucha y todas nosotras no tengamos que ser karatecas y andar con algún tipo de arma en nuestros bolsos; para poder sobrevivir. Un Quito con tolerancia cero a violadores y femicidas.
– Un transporte púbico digno para seres humanos, en todo el amplio espectro de lo que eso implica. Donde a mi hijo ni a persona alguna le asalten con cuchillo y pistola.
– Unos funcionarixs municipales que dejen de una vez por todas de ser lo peor de lo peor de la burocracia pública del país.
– Una ley de contratación pública reformulada que impida que las autoridades se roben el dinero del pueblo y no puedan aceptar coimas de las empresas extranjeras, para que les adjudiquen los contratos.
– Una urbe amigable con el vendedor informal.
– Un lugar donde podamos caminar todxs, a la hora que nos apetezca y estemos segurxs y protegidxs.
– Una ciudad concebida para peatones y no solamente para máquinas.
– Un Quito sin reina, sin reyes. Un Quito con inversión social responsable y sostenida.
– Un territorio donde la ancestralidad de los dueños de la tierra: moradores de barrios y árboles centenarios; no puedan ser tocados de forma alguna.
– Un espacio público amigable con lxs discapacitadoxs, las subculturas urbanas, las mascotas.
– Un lugar sin clínicas de deshomosexualización.
– Una ciudad donde la sociedad civil no tenga que saltar la barrera del sonido para conseguir el permiso para hacer un evento que persigue la expansión de la conciencia. Y que por el contrario sea radical con aquellos que contaminan el ambiente de una u otra manera.
– Un terreno donde los vestigios patrimoniales no puedan ser tocados.
– Una legislación que impida que con el dinero del pueblo se compren títulos eufemistas para la ciudad y/o se hagan eventos infelices como el Hábitat III, La Fiesta de la Luz, la visita del Papa Francisco y similares.
– Unas Fiestas de Quito sin corridas de toros.
– Un Quito Invest que erradique sus formas y fondos alienados y alienantes. Que sea más (Eugenio) Espejo y menos (Tommy) Schwarzkopf.
– Una planificación arquitectónica que le ponga un freno rotundo a propuestas gentrificadoras como la de Uribe&Schwarzkopf, que se escudan en la máscara de la “cultura” para deducir impuestos; cuando en realidad adjudican proyectos a demasiados artistas extranjeros.
– Una urbe sin tallarines negros en los postes. Con menos vallas de Coca-Cola y más arte urbano.
– Una alcaldía que escuche y ponga en práctica los sueños de lxs quiteñxs, anteponiendo siempre los derechos constitucionales de los seres humanos y los de la naturaleza sobre la selva de cemento.

Quito Invest, el pueblo de Quito merece respeto; no mijagas de galletas gringas.

1<iframesrc=»https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fjuanjo.grijalva1%2Fvideos%2F10215986187354984%2F&show_text=0&width=560″ width=»560″ height=»315″ style=»border:none;overflow:hidden» scrolling=»no» frameborder=»0″ allowTransparency=»true» allowFullScreen=»true»></iframe>

2 http://www.usconstructores.com/construyendo-cultura/

3 http://www.elcomercio.com/actualidad/ecuatorianos-cifras-pobreza-inec-2018.html

4 https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/economia/4/pobreza-sube-ecuador-inec

#YoSíTeCreoCristina

Por: @NguyenGuerrero

El caso de Cristina, una estudiante de artes de la Universidad Central del Ecuador, que de forma valiente denunció a su profesor, ha vuelto a poner de manifiesto la compleja situación que viven las mujeres en las aulas universitarias. Cristina ha tenido la fortaleza para llevar adelante su denuncia y ha contado con el apoyo de sus compañeros de clase y de carrera, quienes han sido testigos de la agresión del docente, que comenzó hace tres años.

Este y otros casos han puesto en evidencia que las instituciones superiores no se encuentran preparadas para brindar la debida protección a las víctimas, negándoles la garantía de no revictimización. Cristina y las compañeras que rindieron versión dentro del proceso de investigación, debieron soportar actos de intimidación por parte del agresor y del abogado de éste, sin que las autoridades hayan adoptado las medidas de protección necesarias. La decisión de Cristina, quien venció el miedo a denunciar, así como la solidaridad de los movimientos estudiantiles y de mujeres, determinó que su agresor, finalmente fuera destituido por las autoridades de la Universidad Central.

DfNIQO2X4AEflNy

El acoso sexual ha sido, hasta hace un tiempo, un tema invisibilizado; sin embargo gracias al decidido trabajo de sectores de estudiantes y docentes de varias universidades del país (Universidad Politécnica Salesiana, Universidad Central del Ecuador, FLACSO, Universidad de Cuenca, Pontificia Universidad Católica del Ecuador) se ha venido gestando un movimiento que busca desterrar del alma mater este lesivo comportamiento. Este movimiento busca en primer lugar generar normativa,   instrumentos y rutas para que las instituciones educativas puedan prevenir, atender y sancionar estos hechos; y, un proceso en el que se camine hacia la erradicación de las agresiones sexuales en las instituciones educativas.

A pesar de que nuestro país no cuenta con estadísticas formales respecto de esta problemática (la última encuesta realizada por el INEC data del año 2011), algunas investigaciones señalan al acoso sexual como una causa de deserción, por parte de las universitarias, e incluso de la falta de obtención de su título, a pesar de haber concluido la carrera.

En días recientes se han revelado otros casos, uno de ellos es el de Fernando Alvarado Echeverría, profesor de Artes y Humanidades de la Universidad Católica de Guayaquil; a través de un video publicado en redes sociales se escucha al mencionado profesor agredir verbalmente a sus estudiantes, jactándose de ser «intocable», en el video se señala además, que este maestro forzaba a las estudiantes a que le brinden «gestos de cariño». Las autoridades de esa institución educativa les negaron a las y los denunciantes el derecho a ser escuchados y fue luego de que la denuncia se hiciera viral que informaron haber separado de la institución al mencionado docente.

https://www.youtube.com/watch?v=GqjfqV8KIm8&feature=youtu.be

Un Estado cruzado de brazos.

Un factor determinante para que exista impunidad en los casos de acoso sexual en las universidades, es la falta de políticas públicas para la prevención, atención y sanción. Nos preguntamos ¿cuál ha sido el pronunciamiento del Secretario de Educación Superior, Augusto Barrera, al respecto?… Hasta el momento ninguno.

Las autoridades del sistema de educación superior han optado por una actitud bastante similar a la suscitada frente a los cientos de casos de abuso sexual cometidos en contra de nuestros niños, niñas y adolescentes en escuelas y colegios del país.

Lamentablemente, cuando las víctimas acuden al sistema de justicia, tampoco encuentran una respuesta adecuada; el número de operadores de justicia con una formación con  perspectiva de género es limitado, por ello es muy usual que la víctima desista de interponer la denuncia o de llevarla adelante. El Estado ecuatoriano está en deuda con las víctimas de estos hechos.

La lucha del movimiento estudiantil y feminista chileno como un referente.

La toma de una veintena de universidades en Chile, por parte del movimiento estudiantil y las masivas marchas convocadas por la Coordinadora Feminista Universitaria y la Federación de Estudiantes de Chile, cuya plataforma abarca la exigencia de una educación no sexista, libre de acoso sexual y el final de la brecha de género, es un ejemplo para otros países de América Latina, en la búsqueda de igualdad de oportunidades y de una educación libre de violencia. Las organizaciones de mujeres, en el Ecuador, sin duda, avanzan hacia consolidar su lucha por esas mismas reivindicaciones y requieren el apoyo de todas y todos los ecuatorianos.