EMBARAZO ADOLESCENTE, DOLOROSO ESPEJO DE UNA SOCIEDAD

Por @Aliciadorada

Según estudios de UNICEF publicados en enero del 2015, las tasas de embarazo adolescente en América Latina son las que menos han descendido en comparación a otras regiones del planeta. El  el 33% de los embarazos corresponde a menores de 18 años.  Y de ese total, un 20% son menores de 15 años. La UNICEF estima que se mantendrán como las más altas del mundo y serán estables hasta el 2100.

Los estudios de UNICEF sostiene que en esas edades el embarazo en adolescentes suele ser producto de violencia sexual, falta de información y falta de oportunidades.  Además, el riesgo de morir por causas relacionadas al embarazo adolescente, parto y postparto, se duplica si el embarazo es antes de los 15 años. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las complicaciones durante el embarazo siguen siendo la segunda causa de muerte entre madres de 15 y 19 años.  En Ecuador, la primera causa por la que las niñas de 10 a 17 años acuden al hospital es por  parto y sus complicaciones: 74.000 niñas al año, según cifras de la Flacso.

Entre los factores asociados al  embarazo precoz, son determinantes las características del hogar de la adolescente:  el ingreso económico de los progenitores, sus niveles de educación y la condición de pobreza del  hogar. No es coincidencia que 9 de cada 10 niñas embarazadas vivan en países de bajos ingresos económicos y galopante corrupción.

En Ecuador, según el INEC, el 44,1%  de mujeres tuvieron su primer hijo entre los 15 y 19 años de edad
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El 75% de ellas pertenece a la población económicamente inactiva. Además, del total de madres adolescentes solo el 22% asiste al sistema educativo.

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Según el Ministerio de Inclusión Económica y Social, los principales factores del embarazo adolescente son la pobreza, la violencia de género y el bajo nivel educativo.  Y es así como el 74% de madres adolescentes en el Ecuador vive en pobreza.

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Para la CEPAL,  la mayoría de embarazos de adolescentes se debe a violencia sexual. Y otros factores que abonan son la pobreza, la falta de equidad de género, la falta de acceso a educación y a salud reproductiva o la ausencia de una educación sexual adecuada.

Es así como se puede determinar que existe relación directa entre embarazo adolescente, pobreza y falta de acceso a la educación.  Según la CEPAL, la tasa de fecundidad adolescente del quintil más pobre cuadriplica la del quintil más rico.  La maternidad en la adolescencia obstaculiza la continuidad escolar y reduce las oportunidades de inserción laboral, provocando la reproducción intergeneracional de la pobreza.

A la par que las niñas y adolescentes se embarazan, crecen las probabilidades de que estas niñas anulen sus posibilidades de educarse, de trabajar y ejerzan a plenitud sus derechos, no solo como mujeres, madres y niñas, sino como seres humanos que forman parte de una sociedad que necesita de todos sus actores en igualdad de oportunidades para que el desarrollo sea de forma armónico.

Sí, es real que la pobreza abona al embarazo adolescente. Los números así lo prueban.  Pero también es cierto que en el Ecuador se debe trabajar arduamente en cuanto a equidad de género.  “Estamos en una sociedad que sigue pensando que el rol de la mujer es ser madre”, expresa Margarita Velasco, representante del Observatorio de los Derechos de la Niñez y Adolescencia. Y las estadísticas también así lo prueban. Porque el mundo sigue preparando a la mujer desde niña para el rol que quiere asignarle por el simple hecho de ser mujer:  los hijos y las tareas domésticas.  La UNICEF presenta los siguientes datos en cuanto a trabajo de hogar asignado a mujeres desde que son niñas: cuando tienen entre 5 y 9 años dedican un 30% más de tiempo que los niños a las tareas del hogar. La desigualdad crece a medida que las niñas se hacen mayores, ya que cuando cumplen entre 10 y 14 años le dedican un 50% de tiempo más.  Según la especialista de género de UNICEF, Anju Malhotra:  “la sobrecarga de trabajo doméstico no remunerado empieza en la primera infancia y se intensifica cuando las niñas llegan a la adolescencia” y agrega  Anju Malhotra. “Como resultado de esto, las niñas sacrifican oportunidades importantes de aprendizaje, crecimiento, y simplemente de disfrute de su infancia. Esta distribución desigual de las labores entre niños y niñas perpetúa los estereotipos de género y la doble carga sobre las mujeres y las niñas de generación en generación”.

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El informe  de la UNICEF además señala que “el trabajo de las niñas es menos visible y a menudo infravalorado. Con demasiada frecuencia las responsabilidades de los adultos, como el cuidado de miembros de la familia, incluyendo el de otros niños, son impuestas a las niñas.

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El tiempo que dedican a estas labores limita el tiempo que tienen para jugar, pasar tiempo con amigos, estudiar o sencillamente ser niñas. Además, en algunos países, ir a recoger la leña o el agua las pone en riesgo de sufrir violencia sexual”.

La lucha para erradicar el embarazo adolescente  involucra a toda la sociedad. Y sí, se pueden crear leyes, firmar acuerdos, hacer compromisos.  Pero a la par es la actitud de la sociedad la que debe cambiar, es de la sociedad de donde se debe erradicar los prejuicios y dogmas.  Dejar de pensar que la mujer está predestinada a parir niños y criarlos.  Y además de manera gratuita, porque las labores de su hogar no son remuneradas.  Vaya atrevimiento pensar en una remuneración para las mujeres que cuidan de los hijos y el hogar si es “su obligación”.

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