DE LOS MACHOS CASTIGADORES Y DE LAS EMBRIAGADAS DE PODER

Por @dayumaEc

La ex jueza Lorena Collantes y el director del diario correísta El Telégrafo, Orlando Pérez, se han convertido en el ejemplo gráfico de lo que es el correísmo en el Ecuador: prepotencia, autoritarismo, arrogancia, atropello de los derechos y abuso de poder. Nos cachetean con su calidad de nuevos ricos.  Sí, de esos nuevos ricos que en esta década han llenado sus bolsillos y los tumbados de sus casas con dinero de los ecuatorianos.  O de los nuevos ricos que aseguraron un puestito bajo los parámetros de la sumisión y la incondicionalidad con el “proyecto”.  No importa si tienen que hacerse de la vista gorda frente al robo descarado o la violación de derechos.

Embriagados de poder, gritan y ostentan sus conexiones con los que mandan en el país, no respetan la ley, porque obvio, ellos son la ley. Así,  vimos un vicepresidente-candidato involucrado en hechos de corrupción por el caso Petroecuador, carajeando y exigiendo “respeto”, cuando ha sido número uno en irrespetar las leyes y la Constitución y no dar cuentas de las denuncias de platita  de todos los ecuatorianos en paraísos fiscales.

Sería interesante saber cómo actuó la jueza Collantes al frente de sus delicadas funciones.  Nos lo imaginamos, pero qué miedo.  Qué miedo pensar en lo que hizo en la Función  Judicial.  Orlando Pérez desde el Telégrafo ataca de forma permanente a opositores políticos, denigró y tergiversó a dirigentes de organizaciones sociales y transformó a este diario en un pasquín que no sirve ni pa madurar aguacates. Continue reading “DE LOS MACHOS CASTIGADORES Y DE LAS EMBRIAGADAS DE PODER”

CARTA ABIERTA A LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES DEL ECUADOR

*Esta Carta fue publicada originalmente en este mismo espacio el 8 de diciembre, a propósito de la marcha Ni Una Menos.  Volvemos a publicarla, debido a la denuncia de violencia misógina de Gloria Ordóñez en contra del jefe del aparato de propaganda del correísmo, Orlando Pérez.  Apelamos a la sensibilidad de los Candidatos Presidenciales para que incluyan en sus agendas la violencia de género, la misoginia,  los femicidios, ya que son problema sociales de varias aristas con estadísticas preocupantes, a los que los que pretenden gobernarnos, no le pueden dar las espaldas.  Pues, según el INEC, el 60% de mujeres en el Ecuador han sido víctimas de violencia misógina.  Y  cifras de la CEDHU reportan que en lo que corre del 2016, 80 mujeres han muerto en femicidios.  De estos casos, solo 6 han recibido sentencia. 

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 Por Angélica Porras, miembro del Directorio de Colegio de Abogados de Pichincha e Integrante de Observatorio de Género y Diversidad del mismo Colegio

El sábado 26 de noviembre, en varias ciudades del país se desarrolló, la marcha VIVAS NOS QUEREMOS, NI UNA MENOS, en Quito, empezó a las 16h00, con asistencia masiva, alrededor de 5000 personas, la mayoría mujeres se dieron cita en el arbolito para expresar su preocupación por la violencia de género en su contra y exigir del estado y la sociedad una respuesta inmediata para frenar los abusos de las que somos víctimas.

Resulta interesante rememorar las imágenes de esta marcha, a diferencias de otras que involucran a otros actores sociales, está contó con la presencia mayoritaria de mujeres, de todas las edades, niñas, jóvenes, adultas y de la tercera edad, todas compartieron sus angustias y su decisión de hacerse escuchar. La pluralidad y la diferencia fueron la principal forma de manifestación.

Estábamos allí para expresar un ¡Basta Ya! Contra la discriminación, la violencia y los asesinatos en contra de las mujeres, y, sobre todo para expresar nuestra sororidad con nuestras hermanas asesinadas y con sus familiares y exigir del gobierno una respuesta contundente, que abandone la exclusiva respuesta judicial que reduce la vida de las personas a un entramado formal del que casi siempre las familias resultan desgastadas y tristes, y no genera mayores cambios a nivel de las estructuras culturales que reproducen el machismo, la violencia y el androcentrismo.

Es por demás increíble que ninguno de los candidatos  presidenciales, o a asambleístas, a ocho días ya de la marcha, se haya pronunciado sobre el tema, fue una acción multitudinaria, que algunos de ellos ni siquiera podrían soñar repetirla, sin embargo ni una palabra, silencio total.

Muchos años llevamos presenciando el horror de muertes violentas en contra de mujeres, perpetradas por los más cercanos, con el silencio cómplice de muchos, de la sociedad y del estado. No se trata de casos aislados, las estadísticas indican que cada semana mueren al menos cuatro mujeres por acciones violentas en el país, tampoco nos enfrentamos a locos o sicópatas sino a personas, parafraseando a Hanna Arendt “terrible y terroríficamente normales”, novios, ex parejas, esposos, enamorados.

Frente a esto, la resistencia, el compromiso individual de hombres y mujeres por una vida sin violencia y, la movilización de nosotras mismas y de quiénes son solidarios se constituye un imperativo ético.

Exigimos que este tema se incluya en los programas de acción de quienes pretenden acceder al gobierno, a riesgo de una vez más dejar de lado las aspiraciones y demandas de al menos la mitad de la población: las mujeres.  De no hacerlo se seguirá debilitando la democracia por la falta de conexión entre las demandas sociales y las respuestas de las instituciones políticas, los partidos políticos y los políticos.

 

CARTA ABIERTA A LOS CANDIDATOS Y CANDIDATAS PRESIDENCIALES DEL ECUADOR

Por Angélica Porras, miembro del Directorio de Colegio de Abogados de Pichincha e Integrante de Observatorio de Género y Diversidad del mismo Colegio

El sábado 26 de noviembre, en varias ciudades del país se desarrolló, la marcha VIVAS NOS QUEREMOS, NI UNA MENOS, en Quito, empezó a las 16h00, con asistencia masiva, alrededor de 5000 personas, la mayoría mujeres se dieron cita en El Arbolito para expresar su preocupación por la violencia de género en su contra y exigir del estado y la sociedad una respuesta inmediata para frenar los abusos de las que somos víctimas.

Resulta interesante rememorar las imágenes de esta marcha, a diferencias de otras que involucran a otros actores sociales.  La marcha Ni Una Menos contó con la presencia mayoritaria de mujeres, de todas las edades, niñas, jóvenes, adultas y de la tercera edad, todas compartieron sus angustias y su decisión de hacerse escuchar. La pluralidad y la diferencia fueron la principal forma de manifestación.

Estábamos allí para expresar un ¡Basta Ya! Contra la discriminación, la violencia y los asesinatos en contra de las mujeres, y, sobre todo para expresar nuestra sororidad con nuestras hermanas asesinadas y con sus familiares y exigir del gobierno una respuesta contundente, que abandone la exclusiva respuesta judicial que reduce la vida de las personas a un entramado formal del que casi siempre las familias resultan desgastadas y tristes, y no genera mayores cambios a nivel de las estructuras culturales que reproducen el machismo, la violencia y el androcentrismo.

Es por demás increíble que ninguno de los candidatos y candidatas presidenciales, o a asambleístas, a ocho días ya de la marcha, se haya pronunciado sobre el tema, ya que fue una acción multitudinaria, que algunos de ellos ni siquiera podrían soñar repetirla, sin embargo ni una palabra, silencio total.

Muchos años llevamos presenciando el horror de muertes violentas en contra de mujeres, perpetradas por los más cercanos, con el silencio cómplice de muchos, de la sociedad y del estado. No se trata de casos aislados, las estadísticas indican que cada semana mueren al menos cuatro mujeres por acciones violentas en el país, tampoco nos enfrentamos a locos o sicópatas sino a personas, parafraseando a Hanna Arendt “terrible y terroríficamente normales”, novios, ex parejas, esposos, enamorados.

Frente a esto, la resistencia, el compromiso individual de hombres y mujeres por una vida sin violencia y, la movilización de nosotras mismas y de quiénes son solidarios se constituye un imperativo ético.

Exigimos que este tema se incluya en los programas de acción de quienes pretenden acceder al gobierno, a riesgo de una vez más dejar de lado las aspiraciones y demandas de al menos la mitad de la población: las mujeres.  De no hacerlo se seguirá debilitando la democracia por la falta de conexión entre las demandas sociales y las respuestas de las instituciones políticas, los partidos políticos y los políticos.

¿POR QUÉ LA CLASE POLÍTICA NO INCLUYE EN SU AGENDA A LA SOCIEDAD CIVIL?

Por @Aliciadorada

A propósito de la declaración de la ONU como el  Día Internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, el  27 de noviembre en Ecuador la sociedad civil organizada en colectivos y ciudadanos que acogieron la convocatoria, se hicieron presentes en las calles de las principales ciudades del país.  En Quito, la marcha “Ni una Menos”,  fue de más de 10 cuadras y cálculos que hablan de 5.000 asistentes.

La marcha “Ni Una Menos”, buscó que la sociedad haga conciencia  sobre los crímenes y la violencia a la que se ven expuestas las mujeres por el solo hecho de serlo.   Según la Cepal, Latinoamérica es la región del mundo donde más feminicidios ocurren:  un promedio de 12 latinoamericanas y caribeñas mueren cada día por misoginia.  Por esta razón, la ONU, califica al feminicidio como una “pandemia global”.  “Hasta un 70% de mujeres sufre violencia de género”, advierte.

Según el Ministerio del Interior del Ecuador, en 2014 se registraron 97 feminicidios  y en 2015, 59.  El 71%  feminicidios registrados por la Fiscalía en 18 meses (del 10 de agosto del 2014 al 15 de febrero del 2016) no ha recibido sentencia.

La CEDHU presentó un reporte en días pasados, con estadísticas que hablan de 80 casos de feminicidios en el 2016.  Pichincha es la provincia que más casos tiene con 16, seguida de Guayas con 14 casos y de Manabí con 11.   El Oro 7 casos; Azuay, Loja y Los Ríos 4 casos cada una; Esmeraldas, Imbabura, Santa Elena, Santo Domingo y Tungurahua 3 casos cada una; Morona Santiago 2 casos; y, Bolívar, Cañar y Cotopaxi un caso cada provincia.  Del total de  casos, en 15 feminicidios el responsable se suicidó, en 26 casos hay instrucción fiscal, 13 casos están ante Tribunales Penales y 6 con sentencia condenatoria.  Es decir de los casos punibles, menos del 10% tienen sentencia condenatoria, lo que representa que  más del 90% de estos casos de feminicidio, todavía espera por justicia.

Mientras la CEDHU recuerda a  la sociedad que la violencia contra la mujer está prohibida por la Constitución y los tratados internacionales de derechos humanos, los políticos no se han manifestado sobre el tema.

Mientras los colectivos y organizaciones de la sociedad civil hacen visible el problema social de la violencia machista contra la mujer (6 de cada 10 mujeres han sido víctimas de maltrato, según las últimas cifras del INEC), los políticos callan, miran para otro lado, prefieren seguir inmersos en sus propias agendas, dándole la espalda a los temas que le preocupan a la sociedad civil.  Porque hasta la fecha, la gran mayoría de candidatos no se ha manifestado, no ha anunciado políticas a incluir en su plan de trabajo para erradicar, hacer conciencia  y prevenir el feminicidio.

Lasso dijo que no le parecía un tema importante a tratar la despenalización del aborto por violación, pese a que el pedido para la despenalización  viene directamente de la Comisión en contra de la  Tortura de la ONU.  La Asamblea Nacional, presidida por mujeres, tampoco se ha manifestado ante el pedido de esta alta comisión de la ONU.

Las mujeres siguen muriendo a manos de sus novios, convivientes, esposos o amantes.  Porque la mayoría de feminicidios son perpetrados por ellos. Los políticos que callan, no se pronuncian, le restan importancia, ignoran, minimizan la problemática de violencia y los asesinatos a las mujeres por misoginia, terminan siendo cómplices.

MADRESPOSAS, PUTAS, MONJAS PRESAS Y LOCAS

Por Angélica Porras

Como tan claramente lo expresa Marcela Lagarde (2005) en su conocido libro Los cautiverios de las mujeres: madresposas, putas, monjas, presas y locas, “la opresión de género está activa en el mundo. A pesar de nuestros logros, la vida de cada mujer contemporánea sucede en condiciones históricas de hegemonía patriarcal”.

El espacio de la administración de justicia no es la excepción, allí se evidencian todos los días, en todos los actos, las distintas aristas con las que el Derecho y su aplicación, subordinan a las mujeres, sus necesidades, sus identidades y sus demandas. Alda Facio (1999) describía en su texto Metodología para el análisis del género del fenómeno legal tres componentes del derecho: el político-cultural; el estructural y el formal-normativo en los que se manifiesta el androcentrismo de lo legal.

Vale la pena por el asunto que aquí nos atañe referirnos al componente estructural y al político-cultural. En el primero se sitúan las actuaciones de las cortes, jueces, administradores y auxiliares de justicia, que además se complementa con las costumbres y opiniones que sobre el ejercicio del derecho tienen las personas en general, que corresponden al segundo.

En este contexto, ¿Qué pasa con una mujer-madre que debe acudir a la justicia para solicitar que el padre de su hijo cumpla con sus obligaciones?

Precisamente allí se manifiestan normas, actitudes, decisiones judiciales cargadas de androcentrismo, que de facto culpabilizan y penalizan a las mujeres, pues son ellas quienes deben buscar un abogado, quienes deben perder el tiempo (su tiempo de vida) en seguir el proceso para que se cumplan las normas escritas y vigentes. Resultando al final que, se le demoniza y satiriza por medio de comentarios despectivos y afirmaciones cargadas de sexismo propias de la ignorancia supina e irresponsable: “la pensión es un negocio…”; “esa plata debe ser para los hijos y no para ella…”; “la ley las vuelve mantenidas…”; y, demás cuestiones que muchas y muchos hemos escuchado y, tal vez, hasta repetido consciente o inconscientemente. Seguramente habrá excepciones, pero la regla es la descrita.

Actualmente a esto hay que sumar que nuestras vidas, angustias y placeres se ventilan en redes sociales, en las que cualquiera, desde ningún lugar, puede opinar sobre lo adecuado o no de las actuaciones de las madres que solicitan pensiones, ocultando una vez más las ideas y deseos de quiénes son las involucradas, usuarias de la administración de justicia, ¿qué dicen ellas?, ¿qué han tenido que pasar para alcanzar una pensión alimenticia?,  ¿es suficiente para vivir lo que se logra al fijar una pensión?

Todas esas preguntas han sido dejadas de lado, ocultadas, no se ha tomado en cuenta la voz de las usuarias de la administración de justicia, las que deben sufrir en carne propia todos los días, retrasos, discriminación e incluso ofensas.