#YoSíTeCreoCristina

Por: @NguyenGuerrero

El caso de Cristina, una estudiante de artes de la Universidad Central del Ecuador, que de forma valiente denunció a su profesor, ha vuelto a poner de manifiesto la compleja situación que viven las mujeres en las aulas universitarias. Cristina ha tenido la fortaleza para llevar adelante su denuncia y ha contado con el apoyo de sus compañeros de clase y de carrera, quienes han sido testigos de la agresión del docente, que comenzó hace tres años.

Este y otros casos han puesto en evidencia que las instituciones superiores no se encuentran preparadas para brindar la debida protección a las víctimas, negándoles la garantía de no revictimización. Cristina y las compañeras que rindieron versión dentro del proceso de investigación, debieron soportar actos de intimidación por parte del agresor y del abogado de éste, sin que las autoridades hayan adoptado las medidas de protección necesarias. La decisión de Cristina, quien venció el miedo a denunciar, así como la solidaridad de los movimientos estudiantiles y de mujeres, determinó que su agresor, finalmente fuera destituido por las autoridades de la Universidad Central.

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El acoso sexual ha sido, hasta hace un tiempo, un tema invisibilizado; sin embargo gracias al decidido trabajo de sectores de estudiantes y docentes de varias universidades del país (Universidad Politécnica Salesiana, Universidad Central del Ecuador, FLACSO, Universidad de Cuenca, Pontificia Universidad Católica del Ecuador) se ha venido gestando un movimiento que busca desterrar del alma mater este lesivo comportamiento. Este movimiento busca en primer lugar generar normativa,   instrumentos y rutas para que las instituciones educativas puedan prevenir, atender y sancionar estos hechos; y, un proceso en el que se camine hacia la erradicación de las agresiones sexuales en las instituciones educativas.

A pesar de que nuestro país no cuenta con estadísticas formales respecto de esta problemática (la última encuesta realizada por el INEC data del año 2011), algunas investigaciones señalan al acoso sexual como una causa de deserción, por parte de las universitarias, e incluso de la falta de obtención de su título, a pesar de haber concluido la carrera.

En días recientes se han revelado otros casos, uno de ellos es el de Fernando Alvarado Echeverría, profesor de Artes y Humanidades de la Universidad Católica de Guayaquil; a través de un video publicado en redes sociales se escucha al mencionado profesor agredir verbalmente a sus estudiantes, jactándose de ser “intocable”, en el video se señala además, que este maestro forzaba a las estudiantes a que le brinden “gestos de cariño”. Las autoridades de esa institución educativa les negaron a las y los denunciantes el derecho a ser escuchados y fue luego de que la denuncia se hiciera viral que informaron haber separado de la institución al mencionado docente.

https://www.youtube.com/watch?v=GqjfqV8KIm8&feature=youtu.be

Un Estado cruzado de brazos.

Un factor determinante para que exista impunidad en los casos de acoso sexual en las universidades, es la falta de políticas públicas para la prevención, atención y sanción. Nos preguntamos ¿cuál ha sido el pronunciamiento del Secretario de Educación Superior, Augusto Barrera, al respecto?… Hasta el momento ninguno.

Las autoridades del sistema de educación superior han optado por una actitud bastante similar a la suscitada frente a los cientos de casos de abuso sexual cometidos en contra de nuestros niños, niñas y adolescentes en escuelas y colegios del país.

Lamentablemente, cuando las víctimas acuden al sistema de justicia, tampoco encuentran una respuesta adecuada; el número de operadores de justicia con una formación con  perspectiva de género es limitado, por ello es muy usual que la víctima desista de interponer la denuncia o de llevarla adelante. El Estado ecuatoriano está en deuda con las víctimas de estos hechos.

La lucha del movimiento estudiantil y feminista chileno como un referente.

La toma de una veintena de universidades en Chile, por parte del movimiento estudiantil y las masivas marchas convocadas por la Coordinadora Feminista Universitaria y la Federación de Estudiantes de Chile, cuya plataforma abarca la exigencia de una educación no sexista, libre de acoso sexual y el final de la brecha de género, es un ejemplo para otros países de América Latina, en la búsqueda de igualdad de oportunidades y de una educación libre de violencia. Las organizaciones de mujeres, en el Ecuador, sin duda, avanzan hacia consolidar su lucha por esas mismas reivindicaciones y requieren el apoyo de todas y todos los ecuatorianos.